Petardos

Métanse los petardos por el… ¡y próspero año nuevo!

31 de diciembre. Una noche especial de celebración, llena de alegría y buenos propósitos, y no exenta de riesgos para la salud como las reuniones familiares, las campanadas con Ramón García o el especial de José Mota. Aunque a los que pasamos esa noche acompañados de nuestros perros nos asalta un temor aún mayor que todo eso: los inevitables fuegos artificiales. Atronadores cohetes y petardos que pondrán, una noche más, a multitud de perretes al borde de un ataque de nervios.

Que eso de “escuchar fuegos artificiales” sólo lo entendemos como sinónimo de felicidad las estúpidas personas. Para nuestros perros simbolizan lo peor de las fiestas.

Petardos

Y ya que no podemos evitarlo, porque el ser humano es así y parece disfrutar a tope lanzando petardos y reventando tímpanos y algún que otro dedo, deberemos estar alerta para que esta noche de fin de año no sea una noche de terror para nuestro perro.

Por regla general, los perros no le encuentran el gusto a eso de los cohetes que tanto hacen flipar a niños y adultos. De hecho, la mayoría de perros muestra un pánico atroz a los fuegos artificiales.

Cuando un perro se asusta por un ruido fuerte e inesperado, puede reaccionar de muy distintas maneras, y su comportamiento siempre es inesperado e instintivo. Y cuando no se trata de un único ruido aislado, sino de una auténtica matraca de explosiones acompañadas de fogonazos y destellos, nuestros pequeños amigos pueden sufrir directamente un ataque de pánico.

No estamos exagerando, ya que han llegado a darse incluso muertes por ataque al corazón de algunos perretes durante el lanzamiento de fuegos artificiales. Tal es el estado de ansiedad que pueden alcanzar.

Aquí os dejamos algunos consejos y recordatorios para tener en cuenta la noche del 31, y en general cualquier evento o fecha en que, sepamos, se van a lanzar fuegos artificiales.

 

  1. Obviamente, ¡no lleves a tu perro a ver los fuegos artificiales! Deja a tu perro en casa si a ti y a tu familia os da por ir a disfrutar de espectáculos pirotécnicos. Recuerda que si él pudiera, os diría: “si me queréis, irse ustedes, y a mí dejarme en casa con un buen hueso pá roer” (o algo así).

 

  1. Procura que permanezca en un sitio tranquilo, donde no se escuchen mucho los ruidos del exterior. Acuérdate de cerrar bien balcones y ventanas (no sería el primero que, al intentar huir de los ruidos, acabase tirándose por el balcón en una huida desesperada). Puedes dejarle algo para que esté entretenido, un juguete tipo Kong o algo para que muerda, o aprovechar para practicar el sembrado por la casa… La idea es que esté calmado y entretenido antes de que empiece la artillería.

 

  1. Anticípate y prevén. Intenta sacarlo a hacer sus cosas antes de que empiece la fiesta. A ser posible un buen paseo para que llegue a casa calmado. Y nunca, nunca, lo lleves suelto ese día. La primera reacción de un perro al escuchar los petardos es salir huyendo a su “sitio seguro”, que suele ser siempre, su casa. Por eso, aunque esté cerca de ti, si tu perro está suelto es muy probable que se largue corriendo sin mirar atrás ante el primer petardo, y por supuesto no se detendrá a mirar a ambos lados de la calle por si vienen coches. Literalmente volará como si no hubiera un mañana hasta sentirse seguro. En estas circunstancias, tu perro es muy, muy difícil que responda a tu llamada.

 

  1. Si te sorprenden los petardos lejos de casa, en un parque o en cualquier otro lugar y tu perro se escapa, recuerda que, siempre que sean capaces de orientarse entre tanto caos, acudirán corriendo a su lugar seguro, con lo cual es muy probable que haya corrido a casa.  De todas formas, volvemos a insistir: nunca, nunca lo lleves suelto los días que sepas que van a caer petardos, truenos o cualquier tipo de ruidos estruendosos.

 

  1. Para los que pasáis esta noche en otra ciudad, en el pueblo, en una casa rural o en cualquier otro sitio que no sea vuestro hogar habitual, es aún más importante que incrementéis estas medidas de seguridad. Aseguraos de que el sitio donde estáis no tiene posibilidad de escape para vuestro perro. Si es posible, permaneced cerca de él e intentad normalizar en la medida de lo posible la situación.

Los premios, los juguetes, las caricias, incluso la música clásica… pueden servir para relajar el ambiente. Incluid entre los preparativos de la cena de nochevieja las pautas para que vuestro mejor amigo no pase un mal trago. Y para vosotros, mucha paciencia con el cuñado, que seguro que va de César Millán y sabe mucho sobre cómo tenéis que educar a vuestro perro. No nos gustaría estar en vuestro pellejo. Feliz noche.

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