Pedos de perro

Pedos de perro, los efectos del fuego amigo

¿Quién no ha puesto de excusa a su perro tras escapársele un pedo en compañía de otros humanos? El mejor amigo del hombre se viene utilizando como escudo en este tipo de situaciones de crisis desde que se inventó la fabada asturiana. 

Sin embargo, es fácil que te pillen en un renuncio, ya que cualquier experto en gas natural sabe distinguir perfectamente el inconfundible olor cánido y pútrido del cuesco perruno.

Mientras nosotros -y las incautas visitas que tengamos en ese momento- sufrimos en silencio, nuestros perros reaccionan de muy diferentes maneras ante sus propios pedos: los hay que se han convertido en auténticos ninjas que, tras soltar su bomba de humo, desaparecen en cuestión de segundos de la zona cero, dejando la atmósfera irrespirable y acabando con todo rastro de vida humana. Otros parecen disfrutar del momento como una dulce venganza, mientras que muchos se limitan a fingir que aquí no ha pasado nada aunque su cara de culpabilidad les delate.

Toda persona que tenga perro sabe que ese olor es único. Es como el café, tiene un aroma puro, intenso y casi masticable.

¿Qué es lo que convierte a nuestros perros en auténticas armas químicas? ¿Cuál es la razón de que sus flatulencias tengan efectos tan devastadores como el gas mostaza?

Para empezar hay que decir que todo perro, como cualquier hijo de vecino y sin atender a raza, edad y tamaño, se tira pedos. Si bien es cierto que unas razas son más propensas que otras: Boxer, Bulldog, Pug (¡cómo no!), Dogo o perros de razas molosoides son más pedorros que otras razas.

Pedos de perro

También influye la edad, cuantos más años cumpla tu amigo, más pedos te tragarás cuando compartas con él tus ratos de sofá y mantita.

Sin embargo, si el estado gaseoso de tu perro llega a hacerse insostenible, es probable que algo no marche bien y sería conveniente hacerle un chequeo veterinario y revisar su alimentación. Es importante descartar cualquier problema de salud, para ello y entre otras medidas, hay que ser riguroso con la desparasitación interna ya que de por sí, el organismo del perro está poblado de bacterias que no ayudan precisamente a perfumar el ambiente.

La calidad del pienso es muy importante, pero no es lo único que hay que valorar, ya que no todos los piensos caen igual a todos los estómagos y, en ocasiones, el pienso de más alta gama y más natural del mercado puede sentar como un tiro.

Ante situaciones desesperadas toca buscar, comparar y probar el tipo de dieta que resulta mejor para el tráfico intestinal de tu animal.

Habrá situaciones de transición y cambios de dieta en las que será inevitable el bombardeo: el paso de cachorro a adulto o el cambio que sufren los perros adoptados o rescatados de la perrera o la calle. En este caso no queda más remedio que esperar a que el perro se regule.

Gases, mal aliento, diarreas… son habituales en este tipo de momentos de cambio o en situaciones de estrés. Es muy importante siempre medir ese estrés y la ansiedad a la que puede estar sometido nuestro perro.  Un perro con alto grado de estrés tenderá a comer más rápido y a sufrir más trastornos intestinales, todo ello causa de las fatídicas flatulencias.

Si últimamente necesitas máscara de gas para entrar al salón o piensas que los pedos de tu perro simplemente “no son normales” acude a tu veterinario ya que algo puede estar cociéndose ahí dentro.

Y si has descartado cualquier problema de salud, has probado con todas las dietas del mercado y aún así el “fuego amigo” persiste, tendrás que hacer de tripas corazón y aceptar y querer a tu perro como lo que es: un peludo y entrañable saco de pedos.

 

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